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El retiro de un grande

Donald Hess (75), uno de los personajes del vino más influyentes en el Nuevo Mundo en los últimos 50 años, acaba de anunciar su retiro como cabeza activa de un grupo de ocho bodegas en cuatro continentes y de un importante negocio de colección y galerías de arte contemporáneo.  Entre sus marcas más destacadas están Colomé y Amalaya, en Salta, Argentina.

La historia personal de Hess, de origen suizo, tiene variados e interesantes capítulos antes de llegar a convertise en cabeza de un importante conglomerado de vinos. Tras la repentina muerte de su padre, se hizo cargo de una pequeña cervecería artesanal y de una fábrica de jugos, lo mismo que de una pequeña cadena hotelera. Tenía apenas 20 años.

Posteriormente, incursionó en el negocio de aguas minerales, creando Valser, empresa a la que convirtió en la principal fábrica de su clase en Suiza. En 2002 la vendió a Coca-Cola Co.

Con buenos recursos en el bolsillo, puso la mira en Mount Veeder, una importante zona vitivinícola en el Valle de Napa, en California. Allí, en lo que fue una pequeña bodega de los Hermanos Cristianos, estableció The Hess Collection y el Museo de Art Hess. Dentro del grupo de lHess Family Estates también figuran, en California, las bodegas Artezin y Sequana; en Argentina, Colomé y Amalaya, en Salta; en Sudáfrica, Glen Carloum, en Paarl; en Italia, Brancaia, en Chianti Classico, y en Australia, Peter Lehmann, en el Valle de Barossa.

Aunque Hess dejará la supervisión diaria de sus negocios, se mantendrá como presidente de las juntas directivas de sus principales empresas. Las riendas estarán a cargo, desde principios de julio, de Christoph Ehrbar, su asistente personal y gerente general de Hess Family, en Latinoamérica.

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