Colombia, con los vinos más caros Nov16

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Colombia, con los vinos más caros

René Merino Blanco, actual presidente de Vinos de Chile –el ente privado que agrupa a todas las empresas vitivinícolas líderes del país austral–, es un hombre observador y meticuloso, muy dado a diagnosticar males y formular procedimientos para curarlos. No en vano es médico graduado.

Los médicos suelen mirar las cosas desde el fondo de su cavidad ocular y, sin instrumentos a la  mano, nos dicen si algo anda mal con nosotros. Solo les basta mirar el brillo en los ojos, el color de la piel, la resequedad en las manos y, en fin, todos los demás indicios externos que le envíen señales de alerta.

Hace algo más de tres años, Merino dirigía Chilevid, la asociación de pequeños productores de vino del país suramericano. Agobiados por la revaluación del peso chileno y la consecuente pérdida de ingresos en dólares, muchas bodegas comenzaron a doblegarse. La misma enfermedad, con dimensiones mayores, afectaba también a las grandes firmas vitivinícolas, agrupadas en una poderosa organización llamada Viñas de Chile. La recomendación de Merino fue buscar espacios comunes para salir del atasco, y remar todos en la misma direcciónn. Fue algo así como sugerir una coalición entre la Asociación Nacional de Industriales (Andi) y la Asociación Colombiana de Pequeños Industriales (Acopi) para enfrentar las amenazas contra el sector.

De Chilevid a Viñas de Chile

Sus argumentos convencieron no sólo a sus propios asociados, en Chilevid, sino que tuvieron inesperada resonancia en los oídos de su principal rival gremial, Viñas de Chile. Tanto fue su atrevimiento que, el poco tiempo, las dos entidades se unieron y Merino recibió la oferta de dirigir la entidad fusionada.

Merino está trabajando ahora en el proyecto de convertir a Chile en el primer proveedor de vinos de calidad del Nuevo Mundo, lo que exige duplicar su producción y sus exportaciones.

En un primer dictamen del  mercado colombiano, el funcionario habla de la posición que ocupa nuestro país en el ranking de compradores de vino chileno, y manifiesta que, después de Estados Unidos, Inglaterra, Asia y Brasil, Colombia es uno de los mercados más importantes para su industria. Y anticipa que esta circunstancia pone a los colombianos en una posición prioritaria para sus afiliados.

Vinos de grandes pesos

Pero además, con su certero ojo clínico, dice que no ha conocido otro lugar en el mundo donde se le cargue a los vinos tanta sobreprecio como en Colombia. “Estoy impactado”, dice. “Nosotros le vendemos el vino al importador inglés al mismo precio que le cobramos al importador colombiano. Por eso no entiendo por qué, en Inglaterra, una botella de una misma marca vale la mitad o la tercera parte de lo que cuesta en Colombia”.

Si bien es cierto que esta situación ha sido señalada por otros empresarios mundiales del vino que nos visitan, Merino es el primer líder gremial que pone el dedo en la llaga.  Y dice que algunos vinos chilenos de rango medio cuestan 10 dólares en el mundo, mientras que en Colombia se venden a 27 o más dólares. “Es algo que se sale de toda lógica económica”, agrega. “La situación se complica con los vinos más costosos, que, en general, se venden al público entre 50 y 60 dólares, en Europa o Estados Unidos, mientras que, en Colombia, valen más de 200 dólares por botella.

Durante tres o cuatro días, Merino visitó supermercados, tiendas especializadas, restaurantes y bares, y encontró que el fenómeno de los precios desbordados se repite en todos estos canales. “Una cerveza, que en muchos países del mundo, se acerca al precio del vino, aquí, en Colombia, se distancia de manera significativa”.

Más precio, menos consumo

Y advierte que el precio de los vinos en Colombia está frenando el crecimiento del sector, y que “una reducción de precios y márgenes incrementaría el consumo, poniendo a todos los actores a ganar más de lo que actualmente están percibiendo”.

En el mismo sentido se han manifestado otros críticos del sector, quienes, incluso, han llegado a decir que los precios de los vinos en Colombia superan lo que cuesta una entrada, un plato fuerte y un postre juntos. Los vinos, dice Merino, son un complemento de la gastronomía, y no su reemplazo.

En conclusión, los altos precios en Colombia privan a muchos de pedir una botella, y, lo que es peor, les impide acercarse al vino, quizás, de por vida. Para Merino, la alternativa es bajar los precios, porque esta estrategia no sólo permitiría vender tres o cuatro veces más vino en el país, sino que los ingresos para toda  la cadena serían significativamente mayores. “En mí opinión, el consumo de vino en Colombia podría aumentar si los precios fueran más acordes con los precios internacionales. Quienes hacen el negocio, bajo las condiciones actuales, están matando el negocio, en vez de avivarlo”.

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